Hacia una nueva política sexual. Las mujeres ante la reacción patriarcal

Sinopsis del libro

El nuevo capitalismo neoliberal, las servidumbres provocadas por la reinvención de algunas tradiciones “culturales” y la violencia sexual son los pilares fundamentales sobre los que se asienta este intenso rearme ideológico masculino.

La conquista de derechos y las luchas de muchas mujeres de distintas regiones del planeta, de un lado, y la influencia de las ideologías de la igualdad de género y de los derechos humanos, de otro, han puesto en situación de alerta a los patriarcados contemporáneos. Y estos sistemas de dominio han reaccionado con evidentes muestras de violencia, desde los feminicidios hasta el tráfico de mujeres y niñas para la prostitución.

En una época en plena transformación, el movimiento feminista debe reflexionar sobre su nuevo papel, identificar las nuevas estructuras de poder patriarcal que se están creando y producir estrategias para conceptualizar y desactivar esos nuevos núcleos de dominio masculino.

Reseña de Cristina Justo

Revista de Economía Crítica, nº12, segundo semestre 2011

En Hacia una nueva política sexual, Rosa Cobo da cuenta de la reacción patriarcal que se está produciendo a diferentes niveles dentro del contexto de lo que ella denomina “escenario mundial de desorden”. Esta reacción se debe, entre otras causas, al resurgimiento del feminismo radical de los setenta y su inserción tanto en la agenda política de los países desarrollados como en las demandas sociales de los países más empobrecidos. Las mujeres han ido ganando espacios en el ámbito de lo público y, paralelamente, las vindicaciones feministas han ido situándose también en el centro del debate político. La reacción del patriarcado no se ha hecho esperar y, ante estos avances, han saltado todas las alarmas, de manera que sus respuestas van desde los argumentos más moderados que aparentemente “rebaten” las ventajas de la igualdad, hasta los “nuevos bárbaros del patriarcado”, que utilizan la violencia como recurso de emergencia ante la pérdida de control sobre las mujeres.

El patriarcado, como sistema de dominación y de orden social, necesita de recursos que le permitan retroalimentarse y perpetuarse en el tiempo. Según la hipótesis de Cobo, estos recursos son fundamentalmente tres. Analiza, como primero de ellos, el establecimiento de alianzas con las élites masculinas de las comunidades culturales. De este modo, el debate entre feminismo y multiculturalismo cobra vigencia y relevancia en un contexto de multiculturalidad en el que los derechos humanos en general, y los de las mujeres en particular, parecen quedar en ocasiones diluidos o difuminados en medio del relativismo cultural. El respeto a la diversidad y a las prácticas culturales no puede impedir su puesta en cuestión si éstas son de carácter lesivo o discriminatorio para las mujeres. Este proceso, advertido desde la teoría feminista con creciente preocupación en los últimos años, no puede teñirse de prejuicios basados en teorías de la diferencia y generadores de fronteras y fragmentación. Más allá de esto, es el feminismo quien tiene por delante la tarea de formular un discurso político consistente que compatibilice el principio de igualdad de género con el respeto a las minorías y a las comunidades culturales. Por su parte, el multiculturalismo ha de establecer como objetivo la asunción de la igualdad de género como valor fundamental, y desterrar la justificación de cualquier práctica opresiva para las mujeres apelando al respeto a las distintas culturas. Se trata, por tanto, de construir y apuntalar principios éticos universales, tal y como lo ha afirmado Salvador Giner, frente a las teorías que ponen el acento precisamente en la diversidad y en la diferencia.

Un segundo recurso se refiere a la cómoda inserción del patriarcado en el contexto de la globalización neoliberal. Los recortes del estado de bienestar, las rebajas en las políticas sociales y la precarización del mercado laboral tienen un fuerte impacto de género que perjudica de forma significativa a las mujeres. De forma paralela, la crisis del estado de bienestar, que tiene como consecuencia una quiebra del contrato social, va unida a una crisis de otro contrato: el sexual. El contrato sexual, que se gestó en la modernidad, ve en la actualidad cómo las variables de clase y género y sus dinámicas relacionales se tambalean y desdibujan. Fenómenos como la feminización de la exclusión social o de la supervivencia, traducida en lo que la autora denomina “nuevas clases de servidumbre”, requieren una respuesta crítica y la articulación de alternativas y propuestas creíbles. La responsabilidad del feminismo consiste en construir una teoría crítica de la globalización económica y del nuevo capitalismo neoliberal, y situar este discurso en el centro de su agenda política.

El tercer recurso de resistencia analizado por Cobo es la violencia contra las mujeres encarnada en las “nuevas formas de violencia patriarcal”, muy particularmente en los feminicidios como asesinato funcional o en la trata de mujeres para la explotación sexual. Resulta paradójico que estas nuevas formas de violencia se manifiesten en un momento histórico en que los derechos humanos gozan de grandes dosis de legitimidad y en el que las políticas de igualdad se implementan con aparente normalidad en los países más desarrollados. Todas las manifestaciones de violencia contra las mujeres tienen un origen común y este origen no es otro que el patriarcado. La virulencia con que se producen da cuenta de la crisis de legitimación patriarcal que vivimos y que, unida a los logros obtenidos en materia legislativa, política y social, tienen como consecuencia una respuesta violenta a distintos niveles. A esta quiebra de legitimidad contribuyen también aquellos varones que rompen el pacto patriarcal y se alinean con la causa de la igualdad, produciendo una nueva erosión en el sistema de dominación. Sin embargo, un fenómeno ya conocido se ha instalado de nuevo con fuerza en el actual “desorden social”, y consiste en la naturalización de la desigualdad, es decir, en la presentación de la desigualdad de género como parte de un orden natural. Se trata de una maniobra que alienta la vuelta de las mujeres a los roles y espacios que tradicionalmente han tenido asignados y de los que en los últimos años han comenzado a desasirse.

Estos tres fenómenos definidores de la reacción patriarcal (servidumbres culturales, impacto de género de la crisis económica y violencia de carácter sexual) son las piedras angulares sobre las que se ha edificado un gran pacto patriarcal interclasista, interracial e intercultural que la autora analiza a lo largo de este trabajo.

Por su parte, el feminismo debe denunciar y socavar los fundamentos últimos de la reacción patriarcal, realizando una tarea interna de reconocimiento que otorgue mayor potencia a sus prácticas políticas. La “deshomologación” de las mujeres que se deriva de algunos nuevos feminismos, tiene como consecuencia según Cobo la desactivación política y el debilitamiento del sujeto colectivo en el que las mujeres se han instituido con gran esfuerzo. Hacia una nueva política sexual sintetiza y teje en red lo que aparentemente – e intencionalmente- puede parecer deslavazado. La conexión de nodos tales como la crisis del estado de bienestar, la violencia sexual, la crisis del estado-nación o las teorías multiculturalistas son analizados con un hilo común que es la reacción patriarcal ante el avance de las mujeres y de la igualdad de género. Al mismo tiempo, no resulta complaciente con el papel del feminismo, al que insta y reta a enfrentarse a duras tareas tanto a nivel interno como en su vindicación política y su construcción de alternativas posibles.

Recuperar y sostener el metarrelato del feminismo como movimiento social y las múltiples aportaciones de la teoría feminista como teoría crítica de la sociedad son pilares fundamentales sobre los que construir sólidamente la igualdad. Sólo con estas herramientas y con la legitimidad que otorgan será posible contrarrestar desde el presente y para el futuro una reacción patriarcal que ya ha tenido nefastas consecuencias sobre la vida de las mujeres.

En definitiva, Cobo realiza un análisis profundo de cuestiones de la máxima relevancia social bajo una hipótesis que las enlaza y sistematiza magistralmente como reacciones patriarcales al imparable avance de la igualdad. Pone así mismo sobre la mesa los principales desafíos a los que el feminismo ha de enfrentarse con valentía teórica y reclama propuestas constructivas y pragmáticas que demuestren que otro mundo –en igualdad real y efectiva- sí es posible.

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