Ana Isabel Bernal Triviño

Licenciada y Doctora en Periodismo y Máster en Historia del Arte por la Universidad de Málaga. Periodista, investigadora y consultora docente en la UOC. Ha publicado sus trabajos en medios como Usa Today, Historia y Vida, Washington Post, andalucesdiario.es, Yo Dona, Diva, Chic, Tú eres Única, o You. Actualmente colabora como redactora en eldiario.es, elperiodico.com y publico.es. @anaisbernal

¿Cuánto importamos las mujeres y la violencia de género?

¿Cuánto importamos las mujeres y la violencia de género?

(Foto por Ana I. Bernal Triviño)

Esta es la pregunta del CIS en el barómetro del mes de mayo. La mayoría considera que los principales problemas son el paro o la corrupción, pero si se sigue consultando el listado de respuestas aparece: "La violencia contra la mujer".

Y entonces, dado que este problema se identifica de forma directa con los más de 800 asesinatos a mujeres ocurridos en los últimos 14 años, que ha dejado niños y niñas también asesinados por sus padres o están huérfanos, que ha dejado a familias rotas, que produce mujeres con traumas durante el resto de su vida… una piensa: "Creo que la sociedad se está concienciando. Deberá de tener un porcentaje alto".

Y en esto, te diriges al apartado del total y este es el resultado: "1,3%".

Así es. Las mujeres somos más del 50% de la población, pero la violencia que se ejerce contra nosotras solo es considerada problema por un 1,3%.

El resto de la sociedad, de hombres y de mujeres, relativizan, normalizan y hacen de la violencia contra la mujer algo cotidiano, secundario, privado, reducido a lo doméstico. A pesar de que las afectadas puedan ser sus propias madres, hermanas, hijas o amigas, la sociedad española ve esto como un problema pequeñín. ¿Nos matan? ¿Nos maltratan? ¿Nos violan? ¿Nos discriminan? "¡Qué importa! Total, tampoco es para tanto... Llevamos así toda la vida y ellas también tendrán parte de culpa", dirá más de uno, ¿verdad?

La encuesta también desvela que, en realidad, cuando piensan en ello, tampoco se menciona como una prioridad. Sólo un 0,2% lo identifica como primer problema. Un 0,4 %, el segundo. Y la mayoría, el 0,7%, lo destaca como tercer problema. Somos incluso menos importantes, por ejemplo, que la subida del IVA. El dinero siempre por delante de la vida.

Insisto. Tenemos una sociedad que relativiza y normaliza 800 homicidios y sus terribles consecuencias.

Y si esto ocurre con las mujeres asesinadas por sus propias parejas...

¿Cuánto importan las mujeres maltratadas psicológicamente?

¿Cuánto importan las mujeres violadas?

¿Cuánto importan las mujeres víctimas de la trata?

¿Cuánto importa la desigualdad salarial, la precariedad, los abusos, las agresiones, la cosificación de nuestros cuerpos...?

¿Se supone que un… 0,00000000000000000000000000001%?

¿Y por qué no importa? Porque tenemos unos políticos, instituciones y medios de comunicación que (¡oh, sorpresa!) también normalizan y relativizan la violencia machista. Desde una defensora del Pueblo que responde no saber cómo se soluciona la violencia de género, a una directora del Instituto de la Mujer que deja frases como: "Que alguien acabe con la vida de una persona, por celos, por sentimientos… por no sé qué. Es un no sé qué mal entendido". Pasando por la mayoría de los medios de comunicación que no visibilizan ni una parte mínima de este dolor, más allá de las cifras, ni identifican las causas de violencia de género.

Solo así se comprende que los medios sigan dando pábulo al amor romántico, o que la cultura difunda estereotipos que refuerzan la estructuras patriarcales.

Solo así se comprende que existan incluso mujeres que señalen a una maltratada o acosada, que da el paso para hablar, como exagerada o resentida, porque "eso a mí, no me pasa". De forma que presentan su caso como aislado y excepcional, lejos de un sistema estructural.

Solo así se comprende que frente a las afectadas que rompen su silencio, otras personas califiquen que su causa feminista no vale nada porque lo hacen desde la ira (en lugar de la defensa), y dan a la ligera opiniones insolventes y gratuitas que tiran por tierra la fortaleza de las víctimas.

Solo así se comprende que se castigue a niñas por cómo van vestidas a clase, que se rían o ridiculicen campañas de manspreading o un Gaming Ladies, que se descalifique solo por su condición a mujeres profesionales que han hecho historia, o que más de uno exprese que las violadas lo fueron porque lo "provocaron".

Solo así se comprende que la gente crea más a los maltratadores que a ellas porque él es "un vecino buenísimo", y si hizo algo malo debe ser porque "está enfermo" o "se le cruzaron los cables". Solo así se entiende que la gente deje de lado a las víctimas bajo la excusa de que ellas hablan con resentimiento e ira, que si les culpan, insultan o golpean es porque algo habrán hecho, y se conforman con el 50% de la versión.

Solo así se entiende que el machismo campe a sus anchas.

Que vivamos en una sociedad patriarcal hasta la médula.

Que irrite tanto, tanto, tanto el feminismo. Que se llame feminazis a quienes piden igualdad.

Que sigan las violaciones, las agresiones y los maltratos.

Que sigamos siendo discriminadas.

Que la violencia de género no tenga un pacto de Estado.

Que nuestros gobernantes consideren a nuestras asesinadas víctimas de segunda.

Que sigamos enterrando a nuestras compañeras e intentando rescatar, con la verdadera sororidad y lejos de traiciones, a las que podamos.

Solo así se entiende que las mujeres y la violencia que padecemos seamos una minúscula, insignificante, irrelevante, escuálida y vergonzosa cifra del 1,3%.

Artículo original: diario.es

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