Laura Freixas

Escritora española, autora de novelas y ensayos, así como crítica literaria y articulista en diversos medios. Fundadora en 1987 de la colección literaria El espejo de tinta que dirige hasta 1994. Destaca también por su labor investigadora y promotora de la literatura escrita por mujeres, en cuyo contexto funda en el 2009 Clásicas y Modernas, asociación para la igualdad de género, organización de la que desde enero de 2017 es presidenta de honor. Twitter @LauraFreixas

Maternidad subrogada - Laura Freixas

Maternidad subrogada - Laura Freixas

La primera vez que participé en un debate sobre gestación subrogada, hubo una pregunta que no supe contestar. Era en la radio, y los otros invitados eran padres de hijos nacidos por ese método. Yo iba armada hasta los dientes de argumentos contra la mercantilización del cuerpo femenino, pero me quedé en blanco cuando me preguntaron: si es altruista, ¿la prohibirías también?

¿Cómo? ¿Altruista? ¿Donación gratuita de embarazo? ¿Existe tal cosa?

Parecía difícil de creer, de modo que decidí informarme. Leí reportajes, presencié debates, escuché a famosos en la tele, vi el documental Surrogacy... Al cabo de un tiempo, observé algo curioso. Y es que en todos esos espacios, quienes se expresan son mayoritariamente hombres. Occidentales, de clase media para arriba, que son padres por gestación subrogada o podrían serlo. También, aunque muchas menos, mujeres madres por el mismo sistema. Por último, profesionales. ¿No falta algo? ¿Alguien? Sí, claro: las gestantes. Esas de las cuales los “padres de intención”, o las ginecólogas o abogados ligados a una agencia, nos aseguran que “lo hacen porque quieren”, “es un acto de amor”, “les gusta estar embarazadas”... Yo preferiría escucharlas a ellas.

Imposible. No están. Apenas se las ve ni se las oye. Bien mirado, eso no solo se aplica a las gestantes subrogadas, sino a todas las madres. ¿Qué piensan, qué sienten, qué quieren? Miren alrededor: ¿cuál es la imagen-tipo? Hay dos. Una es terrible, aunque de puro habitual no nos escandaliza: la de un vientre sin cabeza. Es decir, no una persona (la cara es lo que nos humaniza), sino un recipiente. La otra es el modelo por antonomasia de la mujer en nuestra sociedad: la Virgen. La que se sometió a un proyecto ajeno (“Hágase en mí según Tu voluntad”), acogiendo en su cuerpo, sin pedir nada a cambio, a un hijo que no era suyo. La “gestación subrogada altruista” tiene ilustres precedentes.

Vuelvo, pues, a mi pregunta. ¿Cómo es un embarazo, eso que nos aseguran que miles de mujeres “regalan” por amor? A falta de testimonios transmitidos por la cultura, me basaré en mi experiencia. La gestación consiste en nueve meses de náuseas, limitaciones, cansancio, pruebas médicas, deformación del cuerpo... seguidos de veinticuatro horas o más de dolor, miedo, desgarros, riesgos para la salud y hasta para la vida. Todo eso en un platillo de la balanza. En el otro, el deseo de acunar un bebé, verle crecer, tener una hija o hijo para toda la vida... Pero en el caso de las “gestantes altruistas”, ¿qué hay en ese otro platillo? ¿Solo la satisfacción de haber hecho un favor a unos desconocidos?

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