Ana I. Bernal Triviño

Licenciada y Doctora en Periodismo y Máster en Historia del Arte por la Universidad de Málaga. Periodista, investigadora y consultora docente en la UOC. Ha publicado sus trabajos en medios como Usa Today, Historia y Vida, Washington Post, andalucesdiario.es, Yo Dona, Diva, Chic, Tú eres Única, o You. Actualmente colabora como redactora en eldiario.es, elperiodico.com y publico.es. @anaisbernal

Sí, las mujeres son víctimas y supervivientes

Sí, las mujeres son víctimas y supervivientes

Empieza a cansar. Y a irritar.

Resulta impresionante comprobar cómo, ante cualquier respuesta desde el feminismo, ya no se reacciona con el típico argumento vacío de "puritanas" o "reprimidas", sino que se da un paso más, absolutamente vergonzoso, y se señala directamente a la víctima.

Resulta impresionante, además, cómo a víctimas de atentados terroristas o de cualquier otra situación (desahucios, enfermedades crónicas…) no se les niega su reconocimiento como víctimas, ni el hecho de que después incluso impartan conferencias o recuerden en los medios su caso y el de otras personas afectadas. Ya puedan pasar décadas. Y no se las cuestiona porque, por dignidad humana, alguien que pasa por una experiencia crítica y traumática debe sentir, cuanto menos, el apoyo social y el repudio a quienes la llevaron a esa situación. Es fundamental hacer memoria y denunciar sin parar hasta crear la conciencia necesaria.

En cambio, me voy a quedar con las ganas de ver esa misma reacción con el resto de las víctimas de la violencia machista. Es habitual que cuando se denuncia un caso, o justo ahora tras el manifiesto de las francesas contra el #MeToo, salgan voces para señalar que esas víctimas se pasan de la raya.

Siempre planea esta idea: que el feminismo fortalece la imagen de la mujer como víctima. Que sí, dicen que esas mujeres luego desarrollan un victimismo exagerado, del que llegan incluso a vivir. Y que, para rematar, son mujeres despechadas. Ojo, que cuando se dice eso se deja oculto que lo denunciado son delitos, ataques de derechos.

Este discurso es intolerable. Y lo es porque quien lo pronuncia, evidentemente, jamás ha pisado un centro de acogida de mujeres o ni siquiera ha hablado con muchas de ellas. Quien pronuncia esa frase desconoce dos cosas clave de las mujeres que sufren esta violencia.

Una, que no quieren reconocerse como víctimas, de ahí que sea tan complicado salir del maltrato o que las denuncias puedan llegar tarde. No es plato de buen gusto para una mujer asumir que ha sido engañada y utilizada, siendo objeto de violencia continuada y, en muchas ocasiones, justo por la persona a la que quería. Tiene derecho a esa reticencia y, una vez reconocido, tiene derecho a hablar todo lo que le dé la gana y a llorar. Tiene derecho a mostrar su dolor sin tener miedo a que le digan "victimista".

Sigue leyendo el artículo completo en: diario.es - @AnaIsBernal

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